El equipo de
gobierno del Consell insular, en boca del conseller Joan Lluis Torres, justific el
asalto al ayuntamiento y decidi que existen razones por las cuales se puede
permitir que un grupo de personas puedan entrar en una institucin pblica,
interrumpir cualquier reunin que all se est desarrollando e insultar a los
presentes. Es, sin duda, una explicacin increble que hace aicos el sentido
comn, nos empuja a una dinmica muy peligrosa para la salud democrtica de
Menorca y crea un precedente muy preocupante para la propia convivencia
ciudadana.
Nadie puede poner en cuestin la
libertad de expresin, la libertad de manifestacin o la libertad a pensar y
opinar distinto. Sin embargo estos derechos no pueden servir para imponer por la
fuerza bruta determinados puntos de vista y, ni mucho menos, da derecho a nadie
para abordar las casas consistoriales y montar un espectculo como el que se
vivi en Ciutadella el pasado 29 de mayo. Todo el mundo tiene el derecho a
quejarse y criticar cualquier accin. Faltara ms. Pero no es justificable, de
ninguna de las maneras, el utilizar estos mtodos totalitarios de presin
poltica para conseguir determinadas decisiones.
La decisin
de los consellers de izquierdas, incluida la presidenta Joana Barcel, de aprobar y alentar
este tipo de actuaciones vandlicas, sin duda alguna les desprestigia a ellos
mismos y nos muestra su verdadero rostro. Nos ensea su escasa cultura
democrtica y nos muestra el sectarismo que les mueve. Cuando el alcalde de
Alaior fue abucheado en las pasadas fiestas de Sant Lloren por un grupo de
ciudadanos, siempre desde la calle, sin poner un pie en el ayuntamiento de esa
ciudad, los mismos que ahora ven con buenos ojos el asalto al Ayuntamiento de
Ciutadella, en ese momento se rasgaron las vestiduras y empezaron una caza de
brujas contra militantes del Partido Popular. Y, desde mi punto de vista, no es
comparable lo que pas en las calles de Alaior, con el asalto a una institucin
pblica como es el Ayuntamiento de Ciutadella, por parte de un grupo de menores
de edad empujados por determinados cargos pblicos y personas significadas de
los partidos de izquierdas. La gravedad es mucho mayor en el caso de Ciutadella
y, de hecho, se han superado unos lmites que jams se deberan haber
saltado.
En efecto, la izquierda lo tiene muy
claro. Las cosas estn bien o estn mal en funcin de quien lo haga. Segn la
izquierda, entrar en el Ayuntamiento de Ciutadella por la fuerza bruta,
interrumpir reuniones e insultar al alcalde, es un hecho loable e incluso
honroso y, en cambio, si se lo hacen a alguno de su partido, las cosas cambian
totalmente.
Qu pasara
si la institucin asaltada fuera el Consell insular, se interrumpiera un pleno y
se vilipendiara a la presidenta Joana Barcel? Sera ello justificable? Quin
marca lo que es justificable y lo que no? Es el conseller Joan Lluis Torres quien determina lo
que merece un asalto a un ayuntamiento y lo que no? Es la democracia del
insulto y el asalto la que promueve el equipo de gobierno del Consell
insular?
En fin, lo que debera haber merecido la
repulsa de todos y la condena unnime de los demcratas, ha recibido, sin
embargo, por parte de la izquierda en el Consell, su aplauso y su aliento. Esto
marca un precedente muy peligroso y un agravio comparativo con hechos
precedentes de mucho menor calado. Corren malos tiempos para la democracia. El
sectarismo de esta izquierda es cada vez ms evidente y esto es, ciertamente,
preocupante.